Sociedad y sujeto: hacia los nuevos procesos cooperativos digitales

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De las conversaciones con Pablo Aparicio Durán, compañero de fatigas.

«Es evidente que la superpolitización de los años 60-70 fue un globo hinchado hasta reventar para conseguir que se impusiera el yo libre. A eso se le acabó llamando Posmodernidad. En cuanto el yo libre triunfó nos dimos cuenta de que en la cama no estaba la abuelita sino el lobo, que nos deglutía de inmediato: no es sólo que tuviera los dientes grandes, es que nos tragó a todos de un bocado. (…) Y luego cerraba la boca y en aquel psiquiátrico global se comenzó a oír el susurro: soy nadie» (Rodríguez, J. C. 2012).

Desde la última arquitectura posmoderna, la ideología deconstructivista de Jacques Derrida ha sido descrita como esa «reivindicación freudiana de que la obra de arte no se rige por lo que puedes entender y racionalizar de ella, sino por la proyección de nuestro subconsciente en ella» (Prix, W. C. 2016). Pero el deconstructivismo es inconsciente, y no subconsciente, puesto que no sólo Freud, sino también Husserl laten en Derrida. Este tipo de afirmaciones han sido una perversión simplista y mercantilista de la teoría derridiana que, al convertirse en sistémica, ha desembocado en colonización caprichosa, narcisista y alienante para el usuario, tratado como mero espectador de la obra. Derrida se centraba en «la huella que el espíritu ha dejado en las cosas» (Rodríguez, J. C. 2015), algo que al ser racionalizado se traiciona y se pierde.

Pero, en todo caso,  había algo bueno en los años setenta: un empoderamiento del sujeto y un combate de humanismo ilustrado contra la credulidad. Desde la confianza en la especie humana, se vislumbraba un futuro en el que la humanidad podía emanciparse y hacerse mejor en sí misma. Sin embargo, hemos visto cómo termina el cuento, y cómo finalmente el fin de la historia* no se ha cumplido todavía. Vivimos otra vez el estado de desbordamiento de un tipo de civilización, donde nos hemos dado cuenta que la democracia neoliberal ha dejado que el capitalismo usara la noción de libertad del sujeto para la explotación consentida.

Como señala Marina Garcés (2017), hay una distancia entre el proyecto colonizador capitalista y el empoderamiento de las libertades del individuo que merece ser nuevamente explorada. «Que toda liberación desemboca en nuevas formas de dominación aún más terribles y que todo saber moviliza nuevas relaciones de poder es una obviedad. Pero también es el argumento reaccionario con el que se ha condenado cualquier intento radical de transformar el mundo y de impulsar el deseo, personal y colectivo, de emancipación» (Garcés, M. 2017).

En el ámbito político se nos presentan hoy todo tipo de golosinas de salvación, en forma de nuevos líderes, discursos, banderas y promesas. La vida sigue siendo cuantificada y analizada para beneficio económico, y la tecnología, en ese sentido, no se muestra como herramienta de alfabetización social, sino como un contexto smart para una sociedad idiota.

Foucault decía sobre la biopolítica que la gobernabilidad de la vida requiere de autocontrol en el sujeto y en los demás, y sus teorías encontraban en el liberalismo un conjunto de prácticas para el juego entre la libertad y la regulación. Pero este juego se ha convertido en un conjunto de fronteras y leyes herméticas en manos de una élite público-privada de competencias infranqueables, a la vez que en un simple medio de exigir privilegios individuales sin ninguna responsabilidad social más allá de la retribución fiscal de impuestos. Y esa «especie de anarquismo vital controlado implica además no creer en el esencialismo del yo social» (Rodríguez, J. C. 2012), lo que pone de manifiesto una parte disonante de las teorías de Foucault con su vertiente neoliberal última.

Si el sujeto es social, sociedad y sujeto son en esencia la misma cosa, y la verdad crítica con la que deberíamos afrontar el futuro, no es objetiva ni subjetiva, es puramente dialógica y sucede entre las personas y las cosas. Vivimos en la individualidad productiva, alienante y solitaria del soy nadie. Pero cualquier proceso social, incluso el mismo aprendizaje, es un todo entre sujeto, sociedad y realidad, que según Vygotsky es definido como aquel proceso en el que el sujeto actúa (persona) mediado por la actividad práctica (objetal) sobre el objeto (realidad) transformándolo y transformándose a sí mismo. Es decir que cualquier acción social es aquella que rompe con la dicotomía sujeto-objeto para beneficio de un todo colectivo.

Así, el arquitecto Yona Friedman (1975) argumentaba que, en cualquier utopía social frente a una sociedad enferma, el individuo sólo puede resistir compartiendo su insatisfacción de manera colectiva, conociendo la cura y con consentimiento colectivo. Advirtiendo además del peligro colonizador o paternalista, de cualquier intromisión externa, pues sería ajena, impuesta y vacía de significado. Es así pues, cómo sus teorías de sistemas organizativos no jerárquicos de la sociedad hoy se materializan bajo procesos participativos de creación colectiva en una nueva era tecnológica. «El espacio debe ser decidido por el usuario y en el marco de una infraestructura que no sea ni condicionante ni determinante» (Yona Friedman, 1975). Puesto que el marco estructural o normativo y las competencias de los técnicos especialistas no deben imponerse sobre el individuo-sociedad, sino ser un código abierto de finalidad práctica mediante la cual se materializa la necesidad del usuario físicamente localizada.

El desarrollo de nuevos métodos colaborativos no sólo supone procesos de participación ciudadana en los que el técnico o experto tiene en cuenta la opinión pública para luego ofrecer un producto cerrado y acabado que las personas usan, sino que se trata de una nueva metodología que se alimenta de nuevas organizaciones más equitativas y de una red digital orgánica en las que los actores implicados participan a lo largo de un proceso, de manera transparente, transdisciplinaria y ligada a un territorio concreto.

La lógica de la cooperación para la ventaja mutua, la propiedad colectiva y la corresponsabilidad ciudadana son esenciales, no para la estabilidad formal de un modelo concreto de sociedad, sino para que la historia avance hacia una verdad universal pacífica. Y es que «Más allá de la modernidad que diseñó un futuro para todos, y de la posmodernidad, que celebró un presente inagotable para cada uno, nuestra época es la de la condición póstuma: sobrevivimos, unos contra otros, en un tiempo que solo resta» (Garcés, M. 2017).

(*) El ‘fin de la historia’, desde la visión de Francis Fukuyama (1992), es el fin de las guerras y el fin de las ideologías justificado con la muerte del socialismo durante la caída del muro de Berlín en 1989. Este fin se planteó con el liberalismo como estado último de la civilización, contrario al fin socialista hegeliano y marxista. Sólo que desde la caída de las torres gemelas en 2001, se han puesto en duda las tres premisas de la democracia liberal: la economía liberal, puesto que sigue basándose en el juego de suma cero y la explotación entre clases sociales; los gobiernos representativos, puesto que no se basan en una democracia real; y los derechos jurídicos, que han fomentado la tan extendida cultura de la queja o cultura de los derechos infinitos. El ‘fin de la historia’ es un infinito inalcanzable, pero querer acercarnos a él es avanzar y para eso hace falta entender que la guerra, en el sentido más amplio, es inconcebible.

 

BIBLIOGRAFÍA:

DI SIENA, D. (2017) “De la Arquitectura y Urbanismo al Diseño Cívico: Nuevas formas de entender la profesión” <http://www.urbanohumano.org>

FOUCAULT, M. (2004) “Nacimiento de la biopolítica” (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2007)

FRIEDMAN, Y. (1975) “Utopías realizables”. (Colección Punto y Línea, Editorial Gustavo Gili, SA., Madrid, 1977), disponible en: <https://www.scribd.com/book/181302496>

FUKUYAMA, F. (1992) “El fin de la historia y el último hombre” (Editorial Planeta, Barcelona)

GARCÉS, M. (2017) “La nueva ilustración radical” (Editorial Anagrama, Barcelona)

JOFFE, J. (2015) “El fin de ‘El fin de la historia'”. Conferencia de Fundación FAES. <https://www.youtube.com/watch?v=xxUQoHbEYAE>

PRIX, W. D. (2016) “Europeos: seamos Valiente y acabemos la torre de Babel” La Vanguardia (La Contra), 27 julio 2016.

RODRÍGUEZ, J. C. (2012) “Subjetividad y subjetivación en la cultura de hoy (Notas sobre Foucault y Heidegger y otras cuestiones anexas)” Tropelias. Revista de Teoría de la Literatura y la Literatura Comparada, 18.

RODRÍGUEZ, J. C. (2015) “Para una teoría de la literatura (40 años de historia)” (Marcial Pons, Madrid-Barcelona-Buenos Aires-São Paulo)

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